martes, 15 de mayo de 2012

Y cuando acabes de hablar... por favor, cállate


A veces pensaba en lo difícil que es hablar sin decir nada, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo realmente difícil es hacer lo contrario.
No podemos parar de hablar, es imposible. Y cuando estamos callados es cuando de verdad queremos decir algo, pero estamos tan acostumbrados a hablar por hablar que somos incapaces de expresarnos.
¿Y por qué cuando alguien duerme en medio del ruido se despierta cuando se produce un silencio repentino? Porque el silencio es importante, es imprescindible.
Y lo es sobretodo para los que sólo hablan cuando es de los demás.  Y sí, señores, en el siglo XXI, en el año 2012 para ser más exactos, sigue habiendo gente que habla de cosas sin tener ni puta idea y gente que habla de personas sin tener ni la más mínima idea de lo que hablan. Una prueba más de la retroevolución humana, pero ése no es el tema. El tema es que lo que digan los demás me da bastante igual, pero a nadie le gusta estar en la boca de la gente. Gente que, por otro lado, me la traen bastante al fresco, pero casualmente los que más hablan son los que más tienen que callar ("se cree el ladrón que todos son de su condición").

Si los que hablan de mí supieran exactamente lo que pienso de ellos, hablarían peor.

El problema de las palabras es que tú nunca sabes en qué bocas han estado antes.

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas

Porque uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.
Y, como decía Rabindranath Tagore: Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.

Personalmente, creo q los silencios dicen más que las frases. Así, que mejor no decir nada más.

De momento.

viernes, 4 de mayo de 2012

Como sombras en la oscuridad


Todo empezó cuando de verdad empiezan las cosas importantes: una noche. Una noche sin humo, pero con chispas. Una noche con serios y con alguna que otra sonrisa. Y siguió otra noche de besos fríos y abrazos en llamas. Y siguieron otras noches más, con lunas de menos.

Nadie sabía que existían, a veces me pregunto si ellos mismos lo sabían. Y es que era imposible saber nada con certeza, si hasta el cielo dejó de ser azul y el sol dejó de salir por el Este. Jamás planeaban nada, ello solían volar encima de sus propios sueños.

Él le dijo: “Dame buenos recuerdos y no te olvidaré nunca” y ella, cuya memoria no superaba dos anécdotas y cuatro datos inútiles, sabía que a partir de ese momento siempre iba a acordarse de cada día que pasaran juntos. Porque para tener buenos recuerdos hace falta algo más que tener buena memoria.

"El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa." Lord Byron.


Y como garantía, se dejaban la piel marcada con cada mirada perdida. Se pellizcaban el corazón, se mordían la amnesia. Se firmaron un juramento en la espalda y esquivaron los errores como rejas en la acera. Se refugiaron en los besos largos de los semáforos en rojo y se pierden en los pasos de cebra de más de tres carriles.

Y siente algo… Un cosquilleo recorre sus dudas y desaparecen como sombras en la oscuridad, se funden en el vacío de las palabras que nunca se dijeron. Nunca había necesitado tanto un mordisco al final del día. Nunca había necesitado tanto unos dos puntos y una “y griega” para volver a sonreír. Para ser total y completamente feliz.





Estas vísperas son las de después

Sí, me lancé a la piscina. Un doble mortal con tirabuzón invertido. Unos instantes después de que mis pies perdieran el contacto con el suelo, pude comprobar que había agua. Pero, una vez sumergida, me percaté de que quizá había demasiada. Ni siquiera hacía pie, sólo podía nadar, sumergirme, bucear, respirar poco y mal y, finalmente, intentar llegar a la meta para tocar la orilla.


Su piscina siempre tan fría, tan imparcial, tan serena, tan como siempre. Intenté hacerle entender que no quería un como siempre, sino un  para siempre. 


"Para cruzar el océano debes perder de vista la orilla"



Y allí, rodeada de litros agua y de palabras de doble sentido, me di cuenta de que antes de intentar llegar en primer lugar, tienes que asegurarte de que es tu carrera.




No, no era mi carrera. Lo bueno es que ni siquiera podía perderla porque no estaba hecha para que yo compitiera allí. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.