domingo, 22 de julio de 2012

Madurando, disculpen las molestias




Qué iluso aquel que pensó que crecer era gastar más talla de pantalón y tener más palabras que estudiar en cada examen. Qué ingenuo el que creyó que madurar era esperar tumbado al sol a que los años dejaran marcas en la piel. Qué inocente. Y qué feliz.
Madurar es tropezar una vez detrás de otra con la misma piedra hasta saber cómo caer, no hasta evitar la caída. Madurar es entender que todos los parasiempres son de mentira. Es entender que la primavera dura un segundo y los otoños no terminan de irse del todo. Es saber que no todas las despedidas son garantías de olvido. Ni todos los adiós son tristes.
Crecer es sonreír cuando menos motivos tienes para hacerlo. Es tener cicatrices, recuerdos y esperanza. Y desesperar. Es saber que nunca es demasiado pronto para unas buenas ganas y nunca es demasiado tarde para quien tiene unos buenos motivos. Saber que nunca es demasiado.
Y qué irónico que sea yo quien hable de madurar.


20.

jueves, 5 de julio de 2012

1:23

Justo en este momento, en este preciso instante, alguien acaba de saltar, en algún lugar del mundo hay una guerra y en cualquier otro lugar hay alguien que tiene una guerra entre oreja y oreja. Habrá miles de personas que están haciendo el amor y muchas otras lo están deshaciendo. O eso intentan. Alguien acaba de coger una bocanada de aire después de una risa incontrolable. Un niño bosteza. Amanece en alguna parte, en algún rincón de una habitación pequeña. Una ola rompe y alguien se rompe después de un hola.
Y yo escribiendo... como si sirviera de algo. Escribo para sacarlo fuera y destruirlo, pero luego siempre termino entendiendo que a todo lo que escribo le concedo el don de la inmortalidad.