jueves, 10 de abril de 2014

Setecientos treinta

Me aterroriza pensar que no somos la excepción. La excepción a todas esas relaciones que acaban siendo monótonas y aburridas y que acaban por hacer daño a uno de los dos, o a ambos en todo caso. Que somos como esas parejas que se quieren más que nada, pero luego acaban tirándose los trastos a la cabeza. Y tirándose lo que no son los trastos. 

No sé por qué, pero sé que somos la excepción. Que lo nuestro es único, especial, distinto y nadie es capaz de entenderlo. 

La lucha incansable por evitar lo efímero sólo nos lleva a la eterna insatisfacción. Disfrutemos de cada instante que dure el amor, porque no sabemos qué pasará mañana. Las cosas cambian, las personas también, dejamos de segregar oxitocina, nos cansamos de los mismos estímulos, de las mismas palabras, de las mismas rutinas. Es inevitable. O no. Tenemos que ser conscientes de que no todo es para siempre pero que existen excepciones. Pero para ser la excepción hay que trabajar duro: adaptarse a los cambios, usar nuevos estímulos, sustituir lo químico por lo físico y evitar las rutinas.





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"Amar es dar a alguien la capacidad de destruirte y confiar en que no lo haga"