domingo, 29 de enero de 2012

Hoy me he enamorado



Es lo primero en lo que se han parado mis ojos cuando entré a la estación de autobuses esta tarde. No podía ser. Hace casi un año coincidimos por amigos comunes en una fiesta, y mi memoria, con el tiempo, había convertido la indiferencia recíproca de ese día en algo mucho más misterioso. Y el hecho de que le viera de vez en cuando, a lo lejos, por los pasillos de la facultad, había dado lugar a cierta obsesión con él en mi subconsciente. Lástima que él no tuviera la más remota idea de quién era yo.


Precisamente ayer vi las fotos de la primera y única noche que compartimos, en la que parecía que queríamos obviar la presencia del otro. Y, por supuesto, él lo hizo. Pero su presencia no podía pasar desapercibida así como así. Justo ayer vi esas fotos, qué casualidad. Justo ayer y hoy me lo encuentro allí sentado, escribiendo en una pequeña libreta azul. Sonrío. Son el tipo de casualidades que te alegran el día.


Compro el billete y espero sentada en un banco detrás de él, aprovechando los últimos minutos que me había regalado el destino para contemplarle. Los ojos más azules del mundo, rubísimo, barbita de tres días (Oh Dios mío, tenía que tener esa barbita...), camisa de cuadros y esa sonrisa de medio lado que se te queda cuando piensas mucho tiempo en el resultado de una división. Ni se inmuta. Sumergido en tu libreta, no para de escribir con un bic azul. Me muero de curiosidad por saber qué le tiene atrapado en ese papel.


Voy a subir al autobús, le echo una última mirada para guardar ese fotograma de realidad en mi memoria por un largo tiempo, pero no está. Había desaparecido y la cola avanzaba delante de mí, así que se me quita la sonrisa por un momento y monto en el autobús, intentando retomar los pensamientos con los que había ido hasta allí.


Me pongo los cascos, reproducción aleatoria, hoy me someto al antojo del azar, definitivamente. Mientras, imagino cómo será mi compañero de asiento... apuesto todo a "viejecita adorable con ganas de conversación", nunca falla. Pues esta vez no, hoy gana la banca. No tenía mucha pinta de viejecita, aunque sí de adorable y, desgraciadamente, no se le veía con muchas ganas de conversación. Era él, de nuevo. Increíble.


Y yo no podía esconder esa sonrisa de imbécil, así que me limité a mirar por la ventana... El sol del atardecer en su cara, sus palabras escritas en el cuaderno azul se reflejaban en los cristales de sus gafas. Y sus ojos brillaban con  luz propia. Habría habido mil temas de conversación disponibles para ese momento, y aún más habiendo compartido una noche de fiesta y la misma carrera, pero yo era incapaz de dirigirle la palabra. Soy idiota. 


Con lo fácil que hubiera sido decirle: "Hola, tú no te acuerdas, pero ya nos presentaron. Me he fijado en ti, creo que tienes una sonrisa preciosa y unos ojos increíbles. Me gustaría pasar una noche contigo y, si todo sale bien, no tendría inconveniente en quererte el resto de mi vida."


Pero no, soy imbécil. Sólo intercambiamos tres frases, una mirada y dos sonrisas. Sin embargo, para mí una sonrisa suya fue suficiente. De momento.


Porque él todavía no lo sabe, pero es el hombre de mi vida.

4 comentarios:

  1. si él lo leyera se enamoraría como mínimo de la entrada del blog en sí. es genial :)

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  2. Me temo que no lo va a leer nunca, así que tendré que recurrir a métodos más convencionales jaja

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