martes, 12 de noviembre de 2013

Cremalleras y botones

Qué ironía que me quite el sueño tu camiseta de dormir.

Los besos son ese tipo de besos en los que piensas y no puedes evitar morderte el labio inferior. Son como abrir las puertas de un recinto antes de un concierto.

Hambrientos e impacientes. Nos desnudamos despacio, pero con prisa. El ruido de las cremalleras rasga el silencio de dos bocas callándose. Siempre son demasiados los botones.
Nos desabrochamos las ganas de sudar. Nuestro límite está muy por debajo de la piel.

Y cuando no somos más que dos corazones temblando, envueltos en piel de gallina, el mundo deja de girar. Exploramos cada poro de nuestra superficie. Consumo tu olor despiadadamente, creando mi propia dependencia. Me precipito al abismo desde tu esternón.

Nos besamos las cicatrices. Nos tatuamos la saliva. Nos salivamos las heridas que todavía no nos hemos hecho.

Tu olor empaña mis párpados si no duermes a mi lado.


Todo lo que sé sobre echar de menos lo aprendí en tu boca.

"Nada me había dicho de aquel extraño tembleque de manos que convertía cada botón, cada cremallera, en tarea de titanes". 

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