domingo, 22 de mayo de 2011

Coplas de corazón quebrado

Somos dos
Nos sobraban las ganas de gritar
Vimos por un momento el amor pasar
de largo.
Puede que nos faltase alcohol
Aumentaba el miedo al final
Y antes de romper a llorar
me pediste algo.
Como los mosquitos
Que entre aplausos mueren
Como los besos que hieren
Como nosotros
Sobrevivimos
No sé cómo ni por qué
Pero sobrevivimos otra vez
Con los huesos rotos.



Éramos dos
Tratando de esquivarnos las miradas
Riéndonos de la luna a carcajadas


Imbéciles


Sentimientos de alterne, noches tiradas
Sábados cortos, sábanas largas

Decisiones difíciles.


La luna, él
Y los otros siete pecados capitales
Ahora los momentos infernales
Se multiplican
Estaba mejor  ayer
Como en las enfermedades terminales
Estaba mejor con mis asuntos carnales
Esos que luego se glorifican.


Miedo
Lo que no faltaba era la ambición
Y lejos de caer en la desesperación
Huimos
Coge tus dudas y vete
Un ventrículo sin corazón
Al infierno se baja en ascensor

El misterio del número siete.

Fuimos dos
Enredándonos sin los pies sobre el suelo
Mezclando esto con aquello
Con Sal
Y con limón
Olvidaste tus labios en mi cuello
Y como un adicto sin camello
Casi muero, pero no.

"La poesía es como los anticonceptivos, si no tienes con quien usarla, no sirve de nada."
Yassin Bennani




sábado, 7 de mayo de 2011

LLuvia en las pestañas

"Si quieres el arco iris, tienes que aguantar la lluvia." Dolly Parton
Olía a hojas húmedas hasta que pasó por mi lado ese chico de la capucha que llevaba encima litros de esa colonia… su colonia. Y apareció de repente la imagen de su boca, su calor, y con él un escalofrío que me recorrió la espalda. Llovía demasiado para contener las ganas de llorar. No para de llover, ¡joder! Lo bueno es que las lágrimas se confunden con gotas de lluvia y el paraguas tapa los recuerdos. Me hubiera encantado cruzarme con él en ese momento y preguntarle qué coño sintió él mientras fingía morir por mis huesos. En realidad no quiero saberlo. No quiero porque yo, los días grises los llevo por dentro. Sorbo la nariz, me seco la cara con la manga y sigo mirando hacia el horizonte. Hago lo imposible para pensar en otra cosa, me pongo música y vuelven a aparecer sus ojos como si de un mensaje subliminal se tratara. Desisto. Es imposible, inevitable. Hoy no puedo. Ahora es cuando quisiera que pasara el tiempo en un segundo y saber si algún día será posible volver a sonreír bajo un cielo anubarrado.

viernes, 6 de mayo de 2011

Carta desesperada para un MB

¡¡¡Eh, tú!!! ¡Que sé que estás ahí! O eso espero… Qué difícil se me hace echar la vista atrás y darme cuenta de lo que me he dejado… Algunas cosas están bien donde las dejé; están en su sitio. Pero no deberías estar ahí detrás, tan lejos de hoy y tan extremadamente lejos de pasado mañana. ¿Qué hemos hecho? O peor aún, ¿qué coño hemos dejado sin hacer hasta llegar aquí? A lo mejor estoy siendo un poco drástica, demasiado dramática e infinitamente exageradísima, pero es que me crispa no darme cuenta a tiempo de las cosas, me enerva perder las buenas costumbres y eras una de esas buenas costumbres. No soy capaz de aparcar nuestras conversaciones interminables, ni nuestras risas, ni nuestros tres mil doscientos cincuenta y cuatro millones de anécdotas. Y estoy empezando a olvidar todas las que me propuse retener para contártelas en nuestro after algún día. Me arrepiento, como siempre, me vuelvo a arrepentir de cambiarte por mis ocupaciones, que no son más que asuntos banales y efímeros que intentan en vano sustituir lo infinito. Y todo es aún más difícil cuando se trata de esquivar la maldición del suvenir, que desde el minuto uno de su existencia ha separado nuestros caminos. Y todo por el hijo de puta de Murphy. ¿Ahora entiendes por qué odio esas trece malditas letras? Porque son siempre el principio del fin. Y deseo con todas mis fuerzas que ésta sea una excepción.

jueves, 5 de mayo de 2011

Declaración de intenciones número 2

"Sólo creo en las personas que aún se sonrojan"
A veces la frialdad que me caracteriza en los días impares se convierte en una virtud y el resto del tiempo, mi inconformismo estático vuelve a ser incompatible con tus ganas de más. Siento que no puedo parar de pensar en dejar de pensar. Hace tiempo que dejé de subir a las nubes para ver el cielo más cerca, ahora no tiene sentido volar. Tampoco tiene sentido dejarse llevar, porque es el momento de tomar las riendas. Ya no volveré a evitar esos susurros que ponen los pelos de punta, nada de prohibirme soñar en posición vertical, nunca esquivaré un beso debajo de una sábana. Nunca más. Seguiré apurando el veneno hasta que la tristeza se convierta en algo estéticamente correcto.