viernes, 4 de mayo de 2012

Estas vísperas son las de después

Sí, me lancé a la piscina. Un doble mortal con tirabuzón invertido. Unos instantes después de que mis pies perdieran el contacto con el suelo, pude comprobar que había agua. Pero, una vez sumergida, me percaté de que quizá había demasiada. Ni siquiera hacía pie, sólo podía nadar, sumergirme, bucear, respirar poco y mal y, finalmente, intentar llegar a la meta para tocar la orilla.


Su piscina siempre tan fría, tan imparcial, tan serena, tan como siempre. Intenté hacerle entender que no quería un como siempre, sino un  para siempre. 


"Para cruzar el océano debes perder de vista la orilla"



Y allí, rodeada de litros agua y de palabras de doble sentido, me di cuenta de que antes de intentar llegar en primer lugar, tienes que asegurarte de que es tu carrera.




No, no era mi carrera. Lo bueno es que ni siquiera podía perderla porque no estaba hecha para que yo compitiera allí. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

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