martes, 27 de noviembre de 2012

Titanic

Todos necesitamos un iceberg para nuestro Titanic. De vez en cuando tenemos que abrir la caja de los tornados y tirarnos al mar desnudos en medio de una tormenta. La vida sería demasiado aburrida sin carteles de peligro y sin riesgos que correr. Corremos demasiado poco para mi gusto y nos gustan demasiadas cosas seguras. Pero aquí no hay nada seguro; todo cambia y suele ser a peor. Qué feliz debe ser la gente a la que le gustan las cosas difíciles. Todos necesitamos caer, fallar, cometer errores, fracasar muchas veces hasta que aprendamos a fracasar mejor.

"Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender." Charles Dickens


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Buen viaje


Hace ya tiempo que arranqué y creo que mi único objetivo era seguir adelante, aunque puede que ni siquiera tuviera objetivo. Me limité a acelerar, mirando al frente, sin frenos. En la reserva. Estaban todos los semáforos abiertos, sólo para mí. No había pasos de peatones, ni radares. No había límites de velocidad, ni de los que no son de velocidad.

Y de repente aparece alguien. Alguien que me para los pies, pisa el pedal del medio y me obliga a disfrutar del paisaje. El paisaje que dejé atrás hace miles de kilómetros. Y no estoy segura de querer volverlo a ver. Embrague, reduzco. Y ahora, despacio, me da tiempo a mirar por la ventanilla, a sacar la mano por ella como si de un anuncio se tratara. Y todo se ve más claro. Y ese es precisamente el problema.

¿Y cuál es el problema? ¿La velocidad o el paisaje? Solo quería acelerar, ver sólo lo que tenía justo delante de los ojos, sin mirar atrás, sin girar la cabeza. Pero ya no puedo. Quería seguir viviendo rápido para no pensar. Y ahora mismo, mientras haya alguien que sigue pisando el freno, lo único que puedo cambiar es la música.





"¿Sabes por qué el parabrisas es más grande que el retrovisorPorque el camino que tienes delante es más importante que el que dejas atrás."

domingo, 4 de noviembre de 2012

Inventario de domingo

Me ha regalado tantas sonrisas que me faltan bocas para contarlas.

Si guardara todos los suspiros con los que me he tropezado, podría coleccionarlos en un álbum de cromos.

Me ha prestado tantos instantes que me faltan vidas para devolverlos todos.

Compré todos sus escalofríos en la espalda para los domingos más tristes.

Me firmó en el cuello tantas veces que faltaron plumas y dedicatorias.

Gravé en la memoria un puñado de susurros, muchos más que canciones que puedo recordar.

Me acarició con tantas palabras que faltarían idiomas para pronunciarlas.



Tengo todo lo que quiero y, lo que es aún más importante: quiero todo lo que tengo.