Soy feliz. Y mi único propósito ahora mismo es seguir siéndolo hasta nueva orden. Quiero firmar un contrato indefinido de felicidad. Partiendo de esta atrevida afirmación, y antes de que mi querido amigo Murphy me odie indefinidamente, he de exponer mis motivos.
Tengo bajo mi poder fraternal a la persona más dulce del mundo, que me enseña más de lo que llegaré a aprender nunca. Y sus progenitores me han dado siempre un poco más de lo que pueden poseer y de lo que yo llegaré a valorar.
La casualidad me ha hecho encontrar a muchísima gente y la suerte ha hecho que, de entre esa gente, encuentre a unas cuantas personas de esas que marcan tu vida como una cicatriz de guerra. Y no quiero morir sin tener cicatrices.
He encontrado a alguien que me hace compañía camino de la locura, me enciende los amaneceres y me llueve los domingos.
Mi rutina se divide en corondeles, se mezcla con locuciones y se resume en entradillas.
Una vez me dijeron que hay dos formas de ser feliz: una es hacerse el tonto y la otra es serlo. Y yo combino estas dos variantes con cierto equilibrio.
Cuando la sangre tiñe las páginas de los periódicos, los números se disparan en el telediario de las 3 y los de arriba se mantienen sin poder apoyarse en los de abajo, la felicidad no está bien vista, pero a mí no me gusta ninguna otra opción.
Si todo es viento, aprenderemos a volar.
Datos personales
Tipos de desequilibrio
Una víscera llamada corazón
(28)
Rarezas
(20)
Locura transitoria
(15)
Madrid
(6)
historias que merecen ser inventadas
(6)
poesía para antipoetas
(5)
Basado en hechos reales
(2)
Recomiendo
(2)
Rombos
(2)
Salir
(1)
lunes, 17 de diciembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
Titanic
Todos necesitamos un iceberg para nuestro Titanic. De vez en cuando tenemos que abrir la caja de los tornados y tirarnos al mar desnudos en medio de una tormenta. La vida sería demasiado aburrida sin carteles de peligro y sin riesgos que correr. Corremos demasiado poco para mi gusto y nos gustan demasiadas cosas seguras. Pero aquí no hay nada seguro; todo cambia y suele ser a peor. Qué feliz debe ser la gente a la que le gustan las cosas difíciles. Todos necesitamos caer, fallar, cometer errores, fracasar muchas veces hasta que aprendamos a fracasar mejor.
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| "Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender." Charles Dickens |
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Buen viaje
Hace ya tiempo que arranqué y creo que mi único objetivo era
seguir adelante, aunque puede que ni siquiera tuviera objetivo. Me limité a
acelerar, mirando al frente, sin frenos. En la reserva. Estaban todos los
semáforos abiertos, sólo para mí. No había pasos de peatones, ni radares. No
había límites de velocidad, ni de los que no son de velocidad.
Y de repente aparece alguien. Alguien que me para los pies,
pisa el pedal del medio y me obliga a disfrutar del paisaje. El paisaje que
dejé atrás hace miles de kilómetros. Y no estoy segura de querer volverlo a
ver. Embrague, reduzco. Y ahora, despacio, me da tiempo a mirar por la
ventanilla, a sacar la mano por ella como si de un anuncio se tratara. Y todo
se ve más claro. Y ese es precisamente el problema.
¿Y cuál es el problema? ¿La velocidad o el paisaje? Solo
quería acelerar, ver sólo lo que tenía justo delante de los ojos, sin mirar
atrás, sin girar la cabeza. Pero ya no puedo. Quería seguir viviendo rápido para no pensar. Y ahora
mismo, mientras haya alguien que sigue pisando el freno, lo único que puedo
cambiar es la música.
"¿Sabes por qué el parabrisas es más grande que el retrovisor? Porque el camino que tienes delante es más importante que el que dejas atrás."
domingo, 4 de noviembre de 2012
Inventario de domingo
Me ha regalado tantas sonrisas que me faltan bocas para contarlas.
Si guardara todos los suspiros con los que me he tropezado, podría coleccionarlos en un álbum de cromos.
Me ha prestado tantos instantes que me faltan vidas para devolverlos todos.
Compré todos sus escalofríos en la espalda para los domingos más tristes.
Me firmó en el cuello tantas veces que faltaron plumas y dedicatorias.
Gravé en la memoria un puñado de susurros, muchos más que canciones que puedo recordar.
Me acarició con tantas palabras que faltarían idiomas para pronunciarlas.
Tengo todo lo que quiero y, lo que es aún más importante: quiero todo lo que tengo.
Si guardara todos los suspiros con los que me he tropezado, podría coleccionarlos en un álbum de cromos.
Me ha prestado tantos instantes que me faltan vidas para devolverlos todos.
Compré todos sus escalofríos en la espalda para los domingos más tristes.
Me firmó en el cuello tantas veces que faltaron plumas y dedicatorias.
Gravé en la memoria un puñado de susurros, muchos más que canciones que puedo recordar.
Me acarició con tantas palabras que faltarían idiomas para pronunciarlas.
Tengo todo lo que quiero y, lo que es aún más importante: quiero todo lo que tengo.
martes, 9 de octubre de 2012
Otoño
Hay días que son otoño, puede ser a mitad de mayo o el 28 de septiembre, pero el otoño puede llegar cualquier día y puede irse mucho después del invierno.
Los días de otoño (que no otoñales) se parecen a los días rojos: tienes miedo y no sabes por qué.
A veces necesito una excusa para odiarme un poco, para odiar intensamente cualquier cosa durante un rato. Para disimular.
Está claro que no se pueden recordar todas las batallas perdidas en una misma noche y menos aún si está lloviendo.
Triste, como una firma sin dedicatoria, como un mensaje sin respuesta, o con una respuesta predecible. Triste como las cosas predecibles. Triste como un tejado sin gatos, como París anubarrado, como la despedida más amarga.
Los días de otoño (que no otoñales) se parecen a los días rojos: tienes miedo y no sabes por qué.
A veces necesito una excusa para odiarme un poco, para odiar intensamente cualquier cosa durante un rato. Para disimular.
Está claro que no se pueden recordar todas las batallas perdidas en una misma noche y menos aún si está lloviendo.
Triste, como una firma sin dedicatoria, como un mensaje sin respuesta, o con una respuesta predecible. Triste como las cosas predecibles. Triste como un tejado sin gatos, como París anubarrado, como la despedida más amarga.
sábado, 29 de septiembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
8556
¿Cómo
no le voy a querer?
Si es mejor que el chocolate, mejor que las
siestas de antes de cenar, mejor que los semáforos en rojo.
Es mejor que el pacharán, mejor que los números impares y que las duchas con mucha presión.
Mejor que las tormentas de verano, mejor que el jazz, que el soul, el blues, mejor que el rock.
Mejor que la luna llena en el mes de abril, mejor que Lord Byron.
Mejor que los tatuajes, que el sirope de caramelo, e incluso es mejor que dormir.
Es mejor que el pacharán, mejor que los números impares y que las duchas con mucha presión.
Mejor que las tormentas de verano, mejor que el jazz, que el soul, el blues, mejor que el rock.
Mejor que la luna llena en el mes de abril, mejor que Lord Byron.
Mejor que los tatuajes, que el sirope de caramelo, e incluso es mejor que dormir.
| Mejor que una puesta de sol en el Lago de Sanabria. |
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